POEMA DEL SECRETO


 

Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía, y no volver el rostro para verte pasar, puedo apretar mis labios un día y otro día,   sin esperanzas  y no poderte olvidar.

Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente, casi aburridamente sobre un tema vulgar, puedo decir tu nombre con voz indiferente y no poderte olvidar.

Puedo estar a tu lado como si no estuviera y encontrarte cien veces así, como el azar, puedo verte con otra, sin suspirar siquiera y no poderte olvidar.

Ya ves: Tú no sospechas este secreto amargo y más amargo y profundo que los  secretos que guarda  del  mar, porque puedo dejarte de amar, y sin embargo

!No te puedo olvidar¡

POEMA DE LA DESPEDIDA


 

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía, quizá no he de olvidarte pero te digo adiós. No sé si me quisiste…  No sé si te quería. O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, apasionado y loco me lo sembré, en el alma, para quererte a ti, no sé si te amé mucho, no sé si te amé poco.

Sólo sé que me queda tu sonrisa, dormida en mi recuerdo, y el corazón me dice que no te olvidaré. Pero al quedarme sola, sabiendo que te pierdo tal vez empiezo a amarte, como jamás  te amé.

Te digo adiós y acaso, con esta despedida mi más hermoso sueño muere dentro de mí, pero te digo adiós, y para toda la vida aunque toda la vida sea pensando en ti.

 

Gritó!! Entre un  montón de  papeles  abandonados  en un cajón …  Y me dije,  por que no.

 

 

SECRETO A VOCES…


Que suave esta la noche, vestida de ganas de ti, me encumbra de  pasión intensa  por  sentirte, me antoja   de un sutil toque de  labios, un roce de piel que sugestionen  a  mis  manos  traviesas sin límites  por los rincones  de  tu cuerpo.

Hoy te haría el amor sin apenas  tocarte, desde mi dulce mazmorra,  te creo  yacente a mi lado, mientras observo cada periplo de tu figura desnuda, bebiéndome toda tu imagen gota a gota.

Hoy alteraría tus sentidos hasta contagiarte de este fuego que se enciende aun  más, de lo que quema…    Envíciate conmigo de deseo, y catemos  con nuestras lenguas la dulce adicción de nuestras intimidades, exorcizando nuestras fantasías.

 Olvidate del tiempo, que el mundo  girará y girará  mientras nos embestimos uno  en otro, ciegos por llegar al clímax, al cielo de este viaje.

Ancla tu pecho sobre mí espalda, y susúrrame al oído palabras que me eleven a las cumbres del placer sin medida,   y  grita  Conmigo!!!  Que hemos llegado al universo  del éxtasis, que solo tú y yo  conocemos.

 

NOCHES INFINITAS A TU LADO


Créeme si te digo que casi prefiero no soñarte más,  porque lo que en realidad quiero es tenerte  a mi lado.
Mis noches infinitas caminan  sonámbulas  por las travesías hacia el mismo sitio… 
Tus brazos.
Tus brazos, mi  morada, mi locura, mi templo, donde mi plegaria se hace fuerte, donde mi equilibrio se reivindica.

Procuro no soñarte más,  para que mis ansias  se contengan, y mi cuerpo no rabie al menos por esta noche,  por no acusar  al deseo.

Deseo,  que me sumerge en  imágenes delirantes,   que acosan   a saco a mi intimidad, dejando mi  libre albedrío hacer de las suyas con ella.

Ella, mi intimidad,  suscita  las noches infinitas a tu lado,  famélicos,  exhaustos, vibrantes, colmados  de sensaciones, hasta que el exquisito deseo haga de nuestros cuerpos uno solo.

 

 

 

 

 

 

 

 

NO TE PONGAS REALISTA


 

Porque el  sortilegio  del  día en que nos miramos y nuestras manos se reconocieron será una quimera de una cuenta cuentos, y  las palabras que nunca  dijimos  y las ilusiones,  se volverán inseguras de sí mismas.

No te pongas realista,  por que el pensamiento de tu pensamiento se confundiría, y todo lo que nos dimos perdería lo ganado en tu corazón, y lo posible entre nosotros,  se suicidaría de tristeza.

Más bien deja que tu realidad se bifurque en imágenes tuyas y mías, en los besos que nos esperan, cierra los ojos, y piensa en  las tardes que entregados al deseo sucumbiremos y nos amaremos una y otra vez.

No te pongas realista, por que los caminos que te traerán hasta mis brazos, se nublaran, y siendo así, tus ganas de quererme no podrán verme, y detonarías la explosión de mi alma,  y ¿quién recogerá  esta vez  las migas?  ¿Acaso Tus lunas?  No, porque ya no serán mías.

Realidad, realidad y realidad tres veces la digo, tres veces la maldigo, veneno de efecto lento que no sirve nada,  ahora que mi promesa nada vale.

No te pongas realista, por que mi mala suerte y cupido se irán de copas, y este en vez de flechas, nos lanzará tomates.

Sorprendeme un día cualquiera con un loco impulso de amor, porque te prefiero loco por mi, y no realista.

 

 

Al final todo depende de ti…   De cada  movimiento que decidas dar, pues cada  paso en falso lo daré contigo, de todo y cuanto decidas sacrificar pa darle a mis demonios un mate divino.  (Melendi)

 

 

 

 

 

 

   

 

MUJER QUE MIRA A UN HOMBRE


 

La mujer iba  cargada con numerosas  bolsas de la  compra,  y deseando llegar al coche (mal aparcado) e irse a casa…

¿Por que solemos comprar más de lo que pensamos, cuando vamos al supermercado? Soy  terrible!! Se dijo así misma.

una vez dentro de su coche arranca y al llegar a la esquina, pilla el semáforo en rojo, ¡que colmo!,a esperar, así que  mientras pasaban los 3 minutos  que suponen que el semáforo cambie a verde,  liberó una de sus manos acercó la bolsa del pan y pellizco la barra para entretenerse.

Mira a  su lado, se da cuenta que no está sola, y deja de pellizcar el pan y   ralentiza  el  masticar.

La mujer mira su objetivo, se endereza y saca pecho, se moja los labios, se aparta el cabello de la cara, y vuelve a mirar, ha pasado 1 minuto, de 3 y no ha conseguido ni un movimiento a su favor.

La pregunta del millón: ¿estará soltero? ¿Vivirá por esta zona?, ¡hoy es mi día de suerte! (2 minutos).

Un ligero movimiento de cabeza, para acomodarse su bufanda por parte de él, genera un comando de miradas, y ella sonríe por dentro, mientras piensa:

Me ha visto yupiii…

La mujer, mientras esperaba, dibujó en su mente cada escena de aquella película que sólo estaba sucediendo en su imaginación, dejándola volar,  empezando por qué no era simple casualidad el encontrarse con él,  en ese justo momento, así que  dio inicio a la primera imagen.

 El semáforo de la esquina de ese cruce se pone  en rojo justo antes de mi paso, no sé ya si por azar o porque hasta aquel cruce mi inconsciente había jugado con la velocidad para cuadrar mi llegada con el cambio de color.

Movida por el impulso de encontrarte un día sin más en aquella misma esquina. Tú llegabas, el semáforo cambiaba, cruzamos andando el paso peatonal, tú sin darte cuenta todavía de mi presencia, vas directo  hacia a tu coche, y yo  hacia el lado opuesto a buscar el mío, en la calle, aparcado  en doble fila de cualquier manera.   Un impulso me hace correr hacia ti, segura de subir a tu lado sin preguntar,  Calmando  tu susto con un beso que te hiciese reconocerme en la penumbra de la farola fundida, Y sin mediar palabra, mirar de cerca de nuevo el reflejo de mis ojos en los tuyos, palpar tu rostro recordando el tacto de tu piel en mis dedos y marcharme sellando tu adiós silencioso con un último beso.

 Pero para la mujer,  aquel cortometraje quedó grabado para siempre sólo en su cabeza.   El semáforo cambió a verde y por el retrovisor de su coche lo único que se veía era la soledad de una calle vacía y aburrida.

 

Lo que ocurre es que hoy, te recordé en la espera del semáforo…

 

 

 

 

 

   

 

 

MUERTO DE MIEDO (EL FIN )


Se le ocurrió llamar a su abogado, pensando que la amistad que tenían desde hacía más de 30 años, sería garantía más que suficiente para confiarle este problema. Pero lo cierto es que no era un asunto legal y no podría ayudarle. Otra idea que barajó fue la de contratar los servicios de un detective, pero ¿para qué? Sin datos no averiguarían quién planeaba asesinarle. Tampoco podía acudir a la policía, porque la prueba que tenía no era contundente ni acusaba a nadie, en todo caso, era a él a quién acusaban. Por esta misma razón, no podía contárselo a su mujer ni a ninguno de sus compañeros de trabajo. Estaba sólo.

  Había transcurrido una semana desde el fatídico hallazgo y las cosas no estaban mejor que el primer día. El seguía inmerso en un mar de dudas, aunque en el fondo albergaba la esperanza de que todo aquello fuese una broma de mal gusto, de la que se reiría cuando la recordara. Este pensamiento le hacía sentirse un poco mejor. Sin embargo, aquella mañana, sin quererlo ni desearlo la angustia fue creciendo en su interior como la mala hierba.

Una sensación de agotamiento se estaba apoderando de él, confiriéndole un cansancio tanto físico como mental. Estaba atrapado, tenía miedo, mucho miedo y sentía, como una losa, el peso de la soledad.  De pronto comenzó a sudar excesivamente, los labios se le secaron y aunque él se pasó repetidamente la lengua, no consiguió siquiera humedecerlos.

Se sentía desfallecer, estaba mareado,  apoyó una mano en la pared, en un vano intento de detener la caída, el dolor cobró vida, recorrió su brazo hasta llegar al corazón y lo retorció sin compasión, no tuvo tiempo ni de coger sus pastillas…  Y allí mismo fue consciente de que estaba llegando el final.

Su muerte.

 

  Martín murió una fría mañana de noviembre con la única compañía de la soledad y del miedo, sin saber que éste último sería su ejecutor, y sin sospechar la verdad que tanto ansiaba saber.