HISTORIAS DE AUTOBÚS…


 Se sentó a su   lado,  como si ella se  lo hubiese pedido  en voz alta.  Preguntó la hora  pretendiendo una mirada…

Cómo te llamas? preguntó él, me llamo Mengana…   Cómo te llamas? preguntó ella : me llamo Fulano…Y le sonrió.

Una   sonrisa conjurada, que salvó  las tres siguientes estaciones de su  existencia.

  Envolviéndola  con  su indiscutible  calma, y usando  guantes de seda para no arañar  su corazón.

La  sonrisa, que le prestó  compañía, en  mañanas inesperadas, en tardes de sofá  perpetuas  y noches  aplacadas…

 Capaz de despertar las  mariposas en su  estómago, que pernoctaban  esperando su gran salida…

Coincidencia bendita…

 Aunque no estés donde te quiero, y me sonrías a lo  lejos,  el sentimiento perdurará,   porque los  sentimientos no desaparecen…

Evolucionan.

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